HABLEMOS DE FALSOS

Desde que el mundo es mundo y al igual que ocurre en otros campos del arte y la cultura, la filatelia no podía estar ajena al deseo de algunos desaprensivos que se acercan a ella pra conseguir cuantiosos beneficios mediante el engaño; mucho más, si tenemos en cuenta las especiales características de los filatélicos, los cuales compran más con el deseo que con la cabeza. Así pues, esta estirpe, dañina para la filatelia, ha venido creciendo sin cesar amparada por sofisticados medios tencológicos, los cuales les ha facilitado el trabajo de reproducir piezas, de elevada cotización, con una precisión milimétrica.

No pensemos que la falsificación filatélica es un invento actual, ni tampoco que todas las falsificaciones tienen el mismo rango, porque si es así, estaríamos equivocados. En el mundo de la falsificación, como todo en la vida, existen niveles y categorías y eso es lo que vamos a tratar de explicar en esta pregunta.

Falso Postal

Según explican Graus-Soro en su enciclopedia de Falsos Postales de España, un falso postal es toda viñeta que, imitando a los sellos postales o telegráficos de curso legal, ha sido creada ilícitamente con el propósito de defraudar a la Administración Pública.

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La primera falsificación postal española y posiblemente del mundo, fue realizada en Murcia y descubierta en Alicante el 2 de abril de 1850. Ni que decir tiene que estos efectos y todos los realizados con posterioridad, para defraudar al Estado, gozan de buena salud en el mercado filatélico y no pueden faltar en ninguna colección o estudio que se precie. Como puede verse, la reprodución de la imagen de la reina era muy burda, por lo que, como era de esperar, el destino de esta falsificación estaba condenado al fracaso.

 

Falso FilatÉlico

En 1852, dos años más tarde que la primera falsificación postal, aparecen los primeros coleccionistas de sellos y con ellos las primeras falsificaciones filatélicas. No cabe duda de que la pretensión de estos falsarios con sus "reproducciones" no era otra que la de obtener pingues beneficios a costa de los coleccionistas. Sin embargo, este punto siempre lo negaron, evitando de este modo la condena por estafa. Resulta sorprendente conocer que, una vez descubiertos, todos afirmaban lo mismo. Su única pretensión, a la hora de reproducir estos sellos, no era otra que la de ayudar al coleccionista ya que los realizaban para poner a su disposición unas emisiones que, por su rareza, muchos de ellos no hubieran podido tener.

Si bien en el grupo de falsificadores españoles podemos destacar al mallorquín Miguel Segui, en el grupo de falsificadores de talla internacionales debemos destacar a los alemanes hermanos Spiro, al suizo Francois Fournier y sobre todo al italiano Jean Sperati.

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Afincado en Aix les Bains, Francia, para los que no creemos en la casualidad, podemos afirmar que Jean Esperati, estaba predestinado para la falsificación filatélica, ya que poseía todas las virtudes del falsificador de la época como eran: buen conocedor del sello, amplios conocimientos en componentes químicos, experto en artes gráficas y fotografía y excelente mano para el grabado y retoque de piedras litográficas.

De su mano salieron las falsificaciones de más de 350 sellos de 90 países. Las joyas de la filatelia mundial, entre las que también se encontraba España con cerca de 50 piezas diferentes. Para simular su aparente inocencia, sus trabajos iban firmados y acompañados de una nota a lapicero, muy fácil de borrar, en la que indicaba que se trataban de reproducciones.

En la actualidad, muchas de sus piezas aparecen exhibidas, como estudios de falsificación, en colecciones importantes.

PÓSTUMO

Así se define la impresión fraudulenta de una pieza en la que se ha utilizado las planchas originales después de su periodo de vigencia. con esta expresión en los catálogos de venta, vemos piezas de todo pelo, pero las más conocidas corresponden a la filatelia carlista.

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Desde sus orígenes, la rareza y aureola de misterio que han acompañado a los sellos carlistas, han hecho de ellos un plato muy apetecido por coleccionistas y falsificadores. Tanto es así, que ciertos comerciantes centroeuropeos entre los que se encuentra Moens, consiguieron hacerse con las planchas originales, que los soldados de D. Carlos sacaron de España, para realizar las impresiones que les cupo en gana.

Trucajes

A veces, la falsificación de una emisión postal, por barata, falta de medios o difícil de obtener, no compensa al trabajo de falsificación, por lo que los defraudadores recurren a otras técnicas, mas sencillas de realizar y complejas de detectar, como son la confección de marcas realizadas con acuarelas o similar. Basta también una marca postal sobre sello o fragmento para que el coleccionista no llegue a pensar que se trata de una pieza falsa, pero ojo...

Si queréis un consejo, desconfiar de todo. Por muy claro que lo veáis, pedir siempre la opinión de un profesional experto en la materia. En España tenemos varios y muy buenos y estoy seguro que su acertada opinión os evitará muchos dolores de cabeza.

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Como colofón debo decir que los trucajes filatélicos existen hasta en las buenas familias. Quien de vosotros no ha experimentado el placer de realizarlo, no para venderlo, sino para colocarlo en su propia colección e intentar reirse de algún jurado. Pues eso, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Sin embargo si queremos ser unos coleccionistas responsables, debemos desechar todas estas cosas. No olvidemos que según la normativa FIP cualquier pieza retocada, con el ánimo de mejorar su aspecto, será considerada como falsa.

Juan Manuel Cerrato

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