UNA HISTORIA IRREVERENTE.

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No voy a explicar los motivos por los que me embarqué en esta aventura, pero había tomado la decisión de investigar los orígenes del Correo Argentino y conocer en carne propia la Carrera del Perú, tal y como la concibió Basavilbaso, y allí estaba.

Sí, allí. Y digo allí porque no sabría indicar con exactitud el lugar donde me encontraba. Sólo sé que se trataba de una Posta, antigua residencka utilizada para el abastecimiento de chasquis y diligencias, situada a media jornada de camino entre Tucumán y Catamarca, donde "Juanpi" procedía a vendarme las heridas que me había causado tras un desgraciado accidente.

Todo había sido muy rápido. Apenas recordaba la advertencia de "Juanpi" indicándome que desmontara de la mula, ya que el paso de aquel desfiladero era peligroso, cuando sin darme tiempo a más cosas y debido a una falla del terreno, la mula resbaló y cayó al precipicio arrastrándome consigo. Pero vamos por el principio.

Juan Pedro o "Juanpi" que era como a él le gustaba que le llamaran, era el nombre del guía que, hacía una semana, había contratado en Buenos Aires.

Conocí de su existencia gracias a un anuncio del periódico Clarín, en el que decía que si te gustaba la aventura y querías recorrer las rutas andinas al estilo de los antiguos pioneros, su agencia te dispensaría los mejores guías a un precio muy razonable. Al pie de la nota venía una dirección que finalizaba con un escueto "preguntar por Juanpi". Como aquello parecía que encajaba con mis pretensiones y pensaba que podía ser una buena ocasión para realizar la ruta que, según las crónicas, había creado Domingo de Basavilbaso, tomé un taxi y me fui a visitarle.

Cuando llegué a la dirección indicada, que hacía esquina a San Juan y Boedo, me quedé atón. Aquello que yo suponía una agencia de viajes, no era otra cosa que un boliche o viejo cafetín, y "Juanpi" era el nombre por el que respondia el lustrabotas del local. El mismo que diligentemente se acercó hacia mí cuando uno de los camareros le anunció que solicitaba sus servicios.

La verdad es que apenas llevaba cinco minutos de animada charla, dando lustre a mis zapatos, cuando ya me había ganado con sus historias. Así sucedió que cuando le dije que deseaba realizar la carrera postal de Cuzco, ya que era un ferviente admirador de Domingo de Basavilbaso, su respuesta fue como un pistoletazo.

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San Pedro de Lamuza - Fot. Lato

- ¡Che pibe, que decis! No me digás que venís de tan lejos para saber del boludo que está enterrado en el Panteón de la Catedral Metropolitana al lado de nuestro Libertador.

- Efectivamente, le dije, Veréis, soy vasco y alavés, y nosotros también nos sentimos orgullosos de Basavilbaso. No sé si sabrás que nació el 1 de septiembre de 1709 en la localidad alavesa de Llodio. Mira, proseguí, enseñándole una fotografía de la Iglesia de San Pedro de Lamuza: ésta es la parroquia donde le bautizaron.

Por un momento y mientras le comentaba las excelencias de Llodio y la amplitud de miras que tuvo Domingo de Basavilbaso para la creación del Correo Fijo de la Provincia del Río de la Plata, me pareció que mostraba cierta curiosidad por mi relato, pero estaba equivocado. "Juanpi" no me escuchaba, sólo esperaba que yo terminara mi relato para empezar con el suyo.

 

- Pues cuentecito por cuentecito, me dijo con ironía, ya que vos me habés citado su lugar de nacimiento y las historias que sobre su persona se publican en los libros, yo os voy a relatar un pasaje, menos conocido, del lugar donde reposa.

- Si sos visitante del panteón de la Catedral Metropolitana, a no ser que seás muy observador, no verés nada interesante en él, salvo por los sucesos que envuelven al encargo de su losa sepulcral.

- No sé si sabés que la confección de esta losa fue encargada por Domingo de Basavilbaso, tras el fallecimiento de su esposa María Ignacia Urtubia y

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Catedral Metropolitana de Buenos Aires

Toledo, en 1764, a su consignatario en España Juan Albano Pereira. Siguiendo sus instrucciones, la losa debía construirse "en una o dos piezas de mármol blanco o jaspe" con la premisa de que si esta salía muy cara de realizar en La Coruña, la encargara en C&aactue;diz. Finalmente, dejaba instrucciones para que una vez terminado el trabajo, la losa fuera enviada, sin la mayor dilación a Buenos Aires, "embarcándola como lastre en un Paquebote Correo". La pieza, que finalmente fue terminada en mármol blanco, llegó a Buenos Aires en 1772.

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Domingo de Basavilbaso

- A la muerte de Domingo, que acaeció el 9 de mayo de 1775, los familiares no tuvieron reparo en enterrarle, bajo esta lápida y en compañía de su esposa, sin añadir su nombre ni la fecha del óbito. Así, en su epitafio leemos "Aquí yace María Ignacia de Urtubia y Toledo esposa que fue de Domingo de Basavilbaso a quienes pertenece esta sepultura - falleció el día 16 de agosto de 1764".

- Aunque parezcan livianos, estos hechos ponene en evidencia su carácter huraño como hombre de negocios, capaz de llevarlos hasta el extremo de regatear el precio de la lápida funeraria del panteón de su esposa, aunque tardasen cinco años en su confección y persona poderosa. Quién si no, se atrevería a ordenar el transporte fuera de valija, camuflando como lastre, un paquete de estas dimensiones.

 

- Pero puedo añadiros más cosas, continuó. Si bien es verdad que sus inicios en Río de la Plata no fueron muy sencillos, tampoco puede decirse que resultaran complicados. Su afinidad con Francisco de Alzaibar, naviero y propietario de un floreciente negocio de exportación de pieles, de quien era sobrino, le facilitó la llegada a Montevideo en 1727, aunque muy pronto se traslada a Buenos Aires.

- Ya en Buenos Aires, que por aquel entonces contaba con una población cercana a los 10.000 habitantes, comienza a trabajar en el negocio de su tío Francisco, hasta que, visto las posibilidades que le ofrecía el transporte de mercancías entre Lima y Buenos Aires, decide independizarse del negocio familiar. A partir de ese momento su escalada a los puestos más importantes de la sociedad bonaerense será imparable.

- Entre los cargos que llega a desempeñar, podemos destacar que en 1738 fue elegido Alcalde de Segundo Voto del Cabildo de Buenos Aires; en 1739 es nombrado Procurador General y en 1745 alcanza el estatus de Alcalde de Primer Voto

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Hoja Bloque Bicentenario del Correo Fijo

 

- Asimismo, son conocidos los enfrentamientos que mantuvo contra los indios pampa que hostilizaban la frontera de la jurisdicción de Buenos Aires y a las caravanas de carretas que se dirigían hacia el interior y las Salinas Grandes. Como nota triste de aquellas luchas, debe recordarse la que mantuvo contra las tribus instaladas en la margen derecha de Río Salado, cuyo desenlace final deparó el apresamiento y posterior muerte, según dicen "cuando intentaban huir", del Cacique calelian y el grupo de indigenas que lo acompañaba.

La ruta del Inca

Tan buena impresión me causaron sus relatos y la irreverencia de cómo los contaba, que no tardé mucho en convenir su contratación. Así fue que, una semana más tarde, provistos de enseres para el viaje y mulas para el transporte, partíamos de Buenos Aires con destino a Jujuy. Ante nosostros se abría un camino de 400 leguas con 64 postas repartidas entre las Administraciones de Luján, Córdoba, Carolina, Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy.

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Ya llevábamos diez días de camino, tomando nota de las costumbres y lugares por donde tuvieron que tansitar los antiguos correos,cuando le dije:

- Como bien sabes, me siento orgulloso de que los argentinos tengáis considerado a Domingo de Basavilbaso en tan alta estmia, pero desde que te conozco, no te he notado ningún signo de admiración por su persona. Es más, pudiera decirse queno es santo de tu devoción.

- ¡Boludo! ¿Qué pasó que os diste cuenta? respondió. Si no le tengo ninguna simpatía a ese personaje, se debe a que soy un Vetolaza. ¿Os dice algo ese apellido?

- Pues no, respondí.

- Escuchá prosiguió. Si querés saber algo sobre quienes fueron los que abrieron las rutas postales de estas tierras y como funcionaba el correo de antaño, no tenés más que leer a Felipe Guaman Poma de Ayala. En sus textos descubrireis cómo eran las comunicaciones en la América precolombina. Debés saber que por aquel entonces ya existían los "batun chasqui", grandes mensajeros, y los "churo mullu chasqui" mensajeros provistos de una trompeta de coral que estaban encargados de asegurar las comunicaciones en todo el territorio.

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Chasqui tocando el pututo. S. XVI
Encausto de Liber Fridman

- Los "churo chasqui", estaban situados cada media legua del camino con el objeto de que pudieran correrlo sin excesivas fatigas. Se asegura que eran tan rápidos en la transmisión de mensajes, que un caracol agarrado en Novo Reino, actual Colombia, en el lugar llamado Tumi, podía llegar vivo a manos del Inca en Cuzco.

- Mucho podríamos añadir al respecto, pero lo más importante es saber que fueron ellos y no otros, los que abrieron estas rutas. Posteriormente, estas vías de comunicación, también lo fueron de desgracia, ya que a través de ellas se facilitó la conquista española y el tránsito de caravanas de especies, pieles y plata que embarcaban en Buenos Aires y Montevideo rumbo a los puertos españoles.

Ante aquella avalancha de citas a las que no supe responder y que tampoco me aclaraban nada al respecto de los Vetolaza, opté por cerrar la boca.

Lo mejor era esperar a que "Juanpi" se tranquilizara, me dije, pero no fue así.

Juan Vicente de Vetolaza y Luna

- Fueron necesarios 22 años desde el descubrimiento de América por Colón, prosiguió diciendo, para que se estableciera el primer Correo Mayor de Indias con sede en Lima. Así fue como por Real Cédula de la reina Juana I de Castilla y Aragón, el 14 de mayo de 1514, se nombra Correo Mayor de las Indias, descubiertas y por descubrir, al Doctor Lorenzo Galíndez de Carvajal. A partir de 1600 y tras las capitulaciones celebradas con el Virrey del Perú, Luís de Velasco, se establecen los primeros correos ordinarios. El curso de estos correos se realizaba siguiendo las veredas abiertas por el Inca: la del norte, que tocaba Los Valles, llegaba a Quito y Bogotá; la del sur, por Arequipa, llegaba hasta Arica y tirando hacia arriba, por el Cuzco, se podía llegar hasta Potosi.

- Uno de los testimonios en los que se han basado la mayoría de los historiadores, cuando se habla de la creación del Correo Fijo en el Río de la Plata, está tomada de las palabras de Calixto Bustamante, alias Concolorcorvo, que no es otra cosa que el personaje de ficción de la obra titulada "Lazarillo de Ciegos y Caminantes" escrita por el asturiano Alonso Carrió de la Vandera.

- Si bien es cierto, como se indica en la obra de Alonso Carrió, que en 1747 Domingo de Basavilbaso hizo llegar al Correo Mayor en Lima una solicitud para establecer servicios postales organizados entre Lima y Buenos Aires, y que alentado por su iniciativa el 17 de junio de 1748 se establece el Correo Fijo en las Provincias del Río de la Plata, no lo es menos que el primero en establecer este servicio y ocupar el cargo de Teniente del Correo Mayor en Buenos Aires fue Juan Vicente de Vetolaza y Luna.

- La historia oficial no dice los motivos por los que Domingo de Basavilbaso, que era el preferido para desempeñar este cargo no lo aceptara, pero se tienen fundadas sospechas de que rechazó la oferta motivado a que no le convinieron las condiciones económicas del arriendo, ya que lo quería gratuito por diez años.

- Desde 1747 a 1769, fecha esta última en la que Domingo de Basavilbaso se hace cargo del Correo en Buenos Aires, a Juan Vicente de Vetolaza le suceden en el cargo hasta cuatro tenientes, a saber: Juan Manuel de Vetolaza, Juan Martín de Mena, Francisco Antonio Dom&iaucte;nguez y Mateo Ramón de Álzaga. ¿Alguien los recuerda?

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Portada - El Lazarillo de Ciegos y
Caminantes

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Primera Casa de Correos de Domingo de Basavilbaso en 1770

- Entendés ahora el motivo de mi animadversión hacia ese "boludo". Yo Juan Pedro de Vetolaza "Juanpi", remedo de "penúltimo linyera en viaje a Venus" como diría el tango, soy el descendiente del verdadero creador del Correo Fijo en Río de la Plata.

Y eso fue todo. Lo último que recuerdo es el grito de "Juanpi" advirtiéndome del peligro y mi caída al vacío. Después, nada.

Ahora, tras haberme dispensado las primeras atenciones y cobijado bajo el techo de esta Posta, "Juanpi" ha partido en busca de ayuda y yo espero impaciente su regreso para que pueda proseguir con su apasionante historia.

Prometo que la contaré.

Juan Manuel Cerrato