Un Coloso de Hierro trasladado al Papel

Protagonista de la Historia Postal de Bizkaia

 

Si bien en Abril de 1997 la figura del Puente Colgante apareció en un sello conmemorando el Centenario de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, no fue hasta 10 años después, 24 de Abril de 2007, cuando por fin la Filatelia cumplió con un olvido imperdonable, del que ahora se cumplen cinco años. Justo tras haber sido nombrado Patrimonio de la Humanidad el Puente Vizcaya fue estampado, para la eternidad, en un precioso sello en huecograbado en blanco y negro, como su propia figura y con el color típico que lo ha vestido hasta hace un año, para ahora lucir un espectacular y elegante “Vena Rojo Somorrostro”.

 

 

El Coloso de Hierro de los cien nombres apareció finalmente en un sello que recorre y recorrerá el mundo dejando boquiabierto a todo aquél que admire su imponente estampa. Curiosamente en el 97 fue la imagen de la Escuela de Ingenieros, una institución que tuvo más de una polémica con su ideólogo y constructor, D. Alberto de Palacio y Elissague, pero ahora entra en la historia del correo por méritos propios.

 

Este centenario llamado Puente Vizcaya, Puente Colgante, Puente Palacio, Puente de Portugalete y de muchas formas más, es técnicamente un “Puente Trasbordador de Estructura Metálica” y lleva desde su inauguración el 28 de julio de 1893 funcionando, día y noche, de forma ininterrumpida  salvo un corto lapsus de tiempo en el que debió ser reconstruido tras su destrucción por las tropas republicanas en su retirada al ser derrotadas en el frente de Bilbao. Salvo ese espacio de tiempo este singular Puente ha servido de nexo de unión entre ambas márgenes de la Ría del Nervion, sin impedir en ningún momento el tráfico marítimo que llegaba al Puerto de Bilbao, es precisamente por esta circunstancia por la que el Puente de Portugalete tiene esa estructura tan particular y singular. No se podía impedir el desarrollo de las comunicaciones en un momento tan crucial como la industrialización en una zona que fue motor de la economía española.

 

 

D. Alberto de Palacio (1856-1939) terminó sus estudios de Arquitectura en Barcelona y los completa  en Paris en los campos de ingeniería, matemáticas, astronomía y medicina. Por su estancia en la capital francesa conoce la obra de Eiffel y queda maravillado, se ha dicho muchas veces que fue su discípulo pero fue más un admirador y un seguidor impenitente. Entre las obras de D. Alberto se encuentran El Palacio de Cristal del Retiro, La Estación de Atocha y la Cimentación del Banco de España en Madrid, particularmente dificultosa para la época, por encontrarse con corrientes fluviales subterráneas.

 

Sin duda su obra culminante es el Puente de Portugalete, que es monumental en todas sus medidas desde sus 63 metros de altura máxima hasta sus 160 metros de longitud del larguero de donde pende “la barquilla” en la que los viajeros salvan la separación de la ría. Este larguero se apoya a 45 metros con unos cables que dieron grandes problemas al ideólogo del proyecto quien tuvo que recurrirse al francés  M. Fernando Arnodin  quien salvó todas las dificultades y compró la patente tras la construcción de este puente, dedicándose posteriormente a construir otros Puentes Colgantes por todo el mundo (Francia, Inglaterra, Alemania, Argentina, etc.…).

 

                               

 

Otros de sus números nos hablan de un peso 800.000 kilos y de una capacidad aproximada para 150 personas y unos 9 vehículos tras la última modernización, 15 vehículos hace unas décadas. El coste  de su construcción  fue de 808.911,60 pesetas y el precio del billete ascendía a 10 céntimos por viajero en 1ª y 5 ctm. en 2ª, si bien las “máquinas de vapor” de la época debían abonar 3 pts. por hacer el viaje. Se tardó en construir algo más de tres años y todos sus travesaños metálicos están unidos por remaches, algo muy característico de la construcción metálica de la época.

 

                          

Del Puente Colgante se pueden contar mil y una historias, pero quizás la más impresionante es que después de 119 años sigue funcionando como el primer día, cumpliendo con la función que le fue encomendada por su ideólogo, sigue siendo el medio ideal y sigue permitiendo el tráfico marítimo sin ninguna molestia.

 

                  

 

Si bien su figura no ha estado presente en los sellos hasta hace bien poco, la filatelia no le ha olvidado y tanto él como su creador han sido protagonistas de un importante número de matasellos conmemorativos, pues los vizcaínos hemos tenido claro que su importancia se merece estar en todos los aspectos culturales y creativos de nuestra vida.

 

Portugalete 7 de Noviembre del 2012

Gaizka Sola